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Opinión: Lucidez digital

Por Fernando Prieto Domínguez, presidente de Galyleo

Prestigiosos intelectuales y referentes realizan cuestionamientos al uso de la tecnología para apoyar el aprendizaje. Algunos llegan a hablar de la “demencia digital”, mientras que otros califican al celular como “un dispositivo tremendamente distractivo”. Producto de estas opiniones tan definitivas, los centros de padres de muchos colegios analizan hoy cómo limitar el uso de estos dispositivos tecnológicos a sus hijos.

Todos los países han gastado mucho dinero en computadores y se han hecho muchos esfuerzos para contar con miles de contenidos digitales pero la educación, según las pruebas estándares nacionales e internacionales, no ha mostrado mejoras”.

Estas opiniones, ampliamente socializadas, están basadas justificadamente en el uso tradicional que se ha dado por décadas a las tecnologías educativas, que más que apoyar los procesos de aprendizaje han pretendido buscar desde efectos pedagógicos genéricos hasta marketing político al entregar computadores, tablets y contenidos digitales a estudiantes sin un objetivo claro ni resultados medibles.

Todos los países han gastado mucho dinero en computadores y se han hecho muchos esfuerzos para contar con miles de contenidos digitales pero la educación, según las pruebas estándares nacionales e internacionales, no ha mostrado mejoras.

Es riesgoso para nuestro desarrollo. Quedarnos en esa imagen congelada de lo que ha sido la realidad de las últimas dos décadas. Existe hoy una nueva tendencia que viene penetrando muy fuerte desde hace pocos años, la de utilizar las tecnologías educativas para promover un enfoque personalizado de aprendizaje, haciéndose cargo de diagnosticar las brechas cognitivas acumuladas por cada estudiante, nivelándolas según lo que cada uno requiere y apoyándolos con las materias del currículum escolar con contenidos atractivos, al ritmo y estilo que a cada estudiante le acomode.

El efecto “distractivo” del celular es hoy aprovechado para lograr una concentración que el aula ya no permite a jóvenes nativos digitales, aumentando hasta en cuatro veces su velocidad de aprendizaje, y permitiéndoles acceder a pensamiento crítico y trabajo colaborativo en forma natural, aumentando su neuroplasticidad y dejándolos adecuadamente preparados para los desafíos de estos tiempos tecnológicos y globales.

La tecnología utilizada de forma inteligente permite diagnosticar a cada estudiante en lo que le faltó aprender en años anteriores, y le propone una ruta personal de nivelación para superar sus propias brechas. Se deja de apuntar al promedio, para apoyar a cada estudiante en lo que él específicamente necesita. Solo la capacidad de diagnosticar en línea a miles de estudiantes y detectar sus brechas, ya es un tremendo aporte. Hacerlo con cientos de miles a la vez es posible gracias a la tecnología.

Quedaríamos impactados de ver gráficamente la cantidad de vacíos que tienen los jóvenes en general y, mientras más vulnerables, más dramática la situación: los resultados de SIMCE de II medio indican que tres de cada cuatro jóvenes de la educación pública serán analfabetos funcionales si no hacemos nada. Es una “desnutrición cognitiva” que, al no verla físicamente, tema por tema, estudiante por estudiante, no duele el alma. Pero hoy es perfectamente posible predecir la capacidad de un niño o de un joven, de contar con las competencias básicas para que esté en condiciones de aprender y de poder remediarlas en cortos tiempos, masivamente, y en forma personalizada.

Invitaría a los que livianamente desprecian la capacidad de la tecnología para aportar en la educación a emocionarse al conocer la experiencia de miles de jóvenes de Colombia y Chile que se preparan para sus pruebas de ingreso a la universidad con un preuniversitario completo y personalizado construido nativamente en su celular, evitando limitaciones de conectividad tradicional de zonas rurales. Este es solo un ejemplo de múltiples proyectos en Latinoamérica en que más de dos millones de jóvenes, la gran mayoría vulnerables, han logrado avances imposibles con métodos tradicionales, animados por sus profesores ahora convertidos en verdaderos tutores de cada estudiante.

El celular puede y debe ser también una tremenda oportunidad para lograr, a costos marginales, una educación de calidad, personalizada e inclusiva.

Podemos y debemos tener la disposición a innovar usando las tecnologías inteligentemente para estar al día con las tendencias mundiales y preparar adecuadamente a nuestros jóvenes para el mundo crecientemente complejo que les tocará vivir.

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